A Jorge no le preocupa la reunión con Claudio

A Jorge no le preocupa la reunión con Claudio. Al gordito tonto, sólo le muestra en un papel la cifra de varios ceros. Cómo decirlo: sus honorarios por trabajar con la persona más próspera y más digna que jamás haya conocido. El gordo no entiende nada. El tipo quiere ese trabajo, porque es así de sencillo y práctico. Así podrá despilfarrar la plata, como en un cercano tiempo pasado. Volverán para él, aquellos días donde lo más importante serán las comilonas con esa tribu impresentable que él llama su familia. El gordo ni se molesta en preguntar qué es lo que transporta cada semana. Después de todo, cuando comenzó la investigación, Jorge le hizo el favor de decirle a tiempo que se buscara otro empleo. Igual lo recompensó con un subsidio y le aseguró que lo necesitaría nuevamente en cualquier momento. Claudio es un buen idiota útil. Nunca quedó pegado en nada. Así hoy, la convocatoria es muy fácil.

Claudio camina hacia su hogar superado por una incontrolable algarabía. ¡De nuevo trabajar con Jorge el Grande! De nuevo todo un buen pasar, ese que los suyos tanto añoran. Se pellizca y ya piensa en la cena de la noche, cuando su mujer y sus chicos, su familia, los que tanto ama, lo conviertan otra vez en un ídolo.

Jorge parece ir encadenando, nuevamente, poco a poco, su circuito de poder. Sólo hay un trance oscuro, algo que se atreve todavía a desvelarlo: cómo negociar con Argibay.