Luisa es una mujer simple. Todas las mañanas, invariablemente se levanta muy temprano y organiza a la familia. Después se prepara, se viste y se arregla el pelo a medio teñir. Decidió que va dejar de usar productos que lo deterioren. Ya cumplió cincuenta y cinco. Luisa es coqueta. Combina sus pantalones y sus sweaters por textura y color. Para hacer su trabajo se lleva otra ropa, porque sabe que renovar sus prendas de “salir” le va a costar muchas horas de barrer pisos y baldear veredas.
Luisa cree en Dios. Es creyente al extremo de relacionarlo todo con el “Altísimo”. A veces, la gente que la rodea, piensa que exagera. Ella los aburre.
Acepta su destino tal cual es. Poder levantarse y ver la luz del sol es una alegría para ella. Cuando está en las casas en donde trabaja demuestra un ímpetu por su tarea que es envidiable. Va y viene con baldes y trapos incansablemte. Se ocupa de cada detalle, de cada adorno. Los vidrios impecables son su pasión. Quiere usar el producto justo para cada superficie.
Le gusta mucho hablar y opina de la actualidad. Cuando no llega a comprender algún tema, no pone reparos en preguntar, para aprender. Para ella es difícil escuchar. Pone tanto fervor en explicar lo que le pasa que se olvida que el otro también tiene necesidad de expresarse.
Luisa tiene altibajos. Recuerdos tristes de un hijo que perdió el rumbo la golpean. Pero, siempre prevalece el optimismo. Siempre tiene al Creador en su norte.
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