Lucía

Cómo negar que Lucía Varni, con sus bienvividos veinticinco años, es la persona con más actitud sobre la faz de la tierra. Durante el día, trabaja en alguno de sus proyectos extravagantes, y por las noches, su debilidad es salir y divertirse hasta perder la cordura. Cerca de ella uno puede sentirse embriagado de esa sensación de que todo es posible, hace brotar una alegría especial que extermina los monstruos, porque todo es ahora, ya, en el presente; porque ella, no duda.
Despierta a su amiga Candela a las 6 de la mañana con un llamado telefónico. Le dice que la necesita, que tiene algo para ella, que está en la puerta, y que se apure. Sorprendida y emocionada por recibir a la amiga más incondicional que jamás haya tenido, Cande se pregunta qué hace Lucía en Buenos Aires, si anteayer (luego de sus aventuras por España) estaba en Londres. Sin ningún pudor llama a esas horas, y con ese tono de voz grave inconfundible que despabila bien, la invita a saltar de la cama para ver qué se trae.

Como buena hija, hermana y novia de ingenieros de todos los rubros, Lucía, además de tener amplios conocimientos de electrónica, mecánica e informática, es poseedora de una compulsiva habilidad para inventar negocios: Bellos y simpáticos emprendimientos de los cuales muchos quieren ser partícipes; ya que además de su talento creativo, ha tenido la victoria en cada uno de ellos. Sus ocurrencias se fundan, en observaciones técnicas y asociaciones libres, pero que a la vez, están siempre enmarcadas en una teoría con sólidos fundamentos. Y si hay algo realmente llamativo, es que la distancia que existe entre su ocurrencia y la concreción, es la misma, que la de rascarse la nariz cuando pica. Es por eso, que tiene una infinidad de amigos repartidos por el mundo y la mayoría de ellos, cree deberle favores.

Cande sale a la puerta y la ve: No se sabe de dónde sacó un Chevy azul, pero ella está adentro esperando, rubia del sol de las playas de Ibiza, con esos anteojos tipo militares, su brazo musculoso asomado por la ventanilla del auto y fumando un cigarrillo mientras canta un tema de Queen. Ve a Cande y toca bocina con la misma euforia que tiene un chico en un parque de diversiones. La parte trasera del auto esta repleta de equipos para filmar una película y según ella, había todo un gentío esperándola en otra parte para realizar la producción. Hace un año que Cande no la ve, y sin decir nada, la rubia aparece así, diciendo que contrató a todos sus amigos para divertirse haciéndole de extras y ganar unos "euros". Con esa actitud, nunca nadie dijo que no. Hoy estarán todos juntos de nuevo, faltarán con justa razón a los quehaceres cotidianos, unidos por una amistad única, que golpea repentinamente la puerta.