Pablo Maresca de viaje


Pablo asciende al micro, rígido y con cierta dificultad. Se nota que no siente entusiasmo por el viaje, pero al menos estuvo, pura casualidad, en el momento preciso durante la tarde, cuando se produjo el llamado de Córdoba: “Don Maresca, lamento comunicarle que tuvimos que trasladar a su tío al hospital, ya que el cuadro se agravó”.

Se acomoda en el asiento. Mira a su alrededor, siente la calidez del ambiente y en su rostro de golpe aparece una mueca grotesca. No va a cambiarle la vida, pero de todos modos ruega (al mismo tiempo desvía la mirada) que el gordo que acaba de subir no sea su compañero de asiento. Mejor relajarse; no siempre se dispone de tanto como seis horas para uno mismo.

El gordo todavía no encontró su asiento. No conoce los números este tipo o mira hacia afuera para despedirse de alguien. Qué macana esta complicación de salud del tío. Si sale de ésta, Pablo y su mujer van a tener que cambiar su rutina. Trasladarlo. Quién sabe. El gordo ahora tiene compañía. Claro. Por eso parecía a la deriva. La estaba esperando. Qué lastima no haber traído la notebook; podría adelantar algo del proyecto en el que está trabajando.

Que mujer extraña la que está con el gordo. La mirada y la expresión son de alguien muy triste. O agotado. Que apaguen pronto la luz, así Pablo intenta dormir; el día siguiente seguro va a ser extenuante.

El gordo y la mujer están en el asiento posterior. Pablo no quiere, pero escucha que el gordo está hablando: “gracias Violeta por aceptar mi invitación”. Ella responde de inmediato: “no creas que vine por vos, Claudio, sólo quise escapar de tanta cobardía acumulada”.

1 comentarios:

. dijo...

interesante blog.

http://www.losdibujosdebla.blogspot.com/

¿piratea y difunde?