atrapados en un auto

Estaba oscuro. La soledad de la oficina se hizo inmensa por un instánte: aquél en el que Violeta eligió despegar los ojos del monitor. Su dedo índice ayudó a las gafas a no caerse del miedo. Estaba cansada. Quedaba una hora y tanto para cambiar de día y ella pasaba revista por tercera vez al mismo informe. Resolvió salir. Luego de tres infernales minutos en el ridículo ascensor del lujoso edificio donde empeñaba su vida, Violeta se avalanchó contra las puertas giratorias.
Sostuvo, a penas, una fugaz mirada con el vigilante de turno; sujeto que no conocía de nombre pero sí de vicios: sabía a la perfección que dormía como a esa hora y que se tomaba veinte descansos para tomarse un café (desde su primer día en el trabajo). Lo hallaba repugnante. Eso era normal en Violeta. Repudia a la gente que es incapaz de ser eficiente en sus labores. Ya en la salida, ella vislumbró a su compinché. Un hombre en su plenitud adulta: atractivo, de buen porte, cierto garbo y excelente actitud. Violeta había tenido numerosos encuentros con él. Estaban marcados por magia.
Aquella noche, en secreto, agradeció verlo. Se acercó a punto de saltarle encima y luego sonrío a sus espaldas; detenida. Él sentenció: "sé quien eres. Te he traído un café" y luego con una sonrisa juvenil giró hacia su cuerpo. Ambos enmudecieron por segundos infinitos. Subieron a su auto y encendieron la radio. Conversaron. Esta vez por horas. Amaneció en ese mundo de fierros torcidos mucho antes del amanecer real.
No supe de qué hablaron ni porqué no salieron del auto. Tampoco entiendo porqué ella descendió y volvió sus pasos hacia su apartamento. No sé porqué él no la llevó, porqué no terminaron lo que sea que se haya iniciado con el café. No sé si él piensa dejar a su paciente esposa y sus almuerzos de domingo con sus hijos. No sé si Violeta considera cambiar su rutina solitaria por un mundo caluroso en los brazos de Claudio. Tal vez ella desea que él la devore, desde adentro. Quizá, ya lo hizo. Lo único que sé es que Violeta no fuma cuando está con él y que se la ve sonreir cada vez que le llega una taza de café.

11 comentarios:

ganya (kt) dijo...

Gracias Moni por tus comentarios al texto. Como ves, me guié de ellos para construir ésta versión.

Mónica dijo...

Ufaaaa! Se te extraña. Me encanta este capítulo y como te lo había prometido, conmigo se fueron de viaje.... Sólo que no pude colocar al pie mis personajes...

Un beso

Moni

Mónica dijo...

Hace mucho que Argibay y Jorge El Grande no hacen de las suyas, no?. Voy a pensar en algo.

Moni

ganya dijo...

síiiiii... lo leí y fue genial!
Qué esde tu vida, guapa?

Rodrigo dijo...

:O !1 muyy buenooo... .interesantee el capítulo..

Buenoo puess aprovecho para dar a conocer mi blog que es:
http://www.calculometal.blogspot.com/

Todo lo que está ahi está hecho por mí y quiesieraa saber que opina la gente acerca de lo que hago..

Ojala te animes a pasar por mi blog chao, buena suerte.

MqR dijo...

Hola! Segui el link de mi blog por tu coment y que bien escribes. Volvere.

bs

Bellota dijo...

Me encantó esta historia!! yo tbn voy a pasar mas seguido por aca!! besos

abstrakta dijo...

HOLA! Soy la pequeña abstrakta! gracias por ver a traves de mi...
la osadia en palabras.. por lo general me causa ciertos conflicots eso pero estaba esperando que alguien me lo dijera en forma de halago..
Edificante blog para mi es el tuyo...y veo q compartimos gustos literarios

saludos profe monica..aunq no sea tu alumna

pasate
chiao

Cris dijo...

Interesante. Te voy a visitar más seguido.
Gracias por pasar por mi blog.
Besitos.

Vir dijo...

acabo de descubrirlo y es ATRAPANTE!
muy bueno
voy a seguir leyendo
beso

Cris Gª. Barreto dijo...

Estimada Mónica:

Tu texto me ha mantenido expectante hasta el final. Está realmente bien escrito, además de ser ameno e interesante.

Te he puesto en mi lista de blogs, para poder seguirte.

Felicidades.

Besos,
Cris.